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  • Diario Digital | martes, 28 de junio de 2022
  • Actualizado 01:04
Opinión

Pedro Sánchez se ha hecho un traje a sí mismo. Es azul, con solapas estrechas según usos de la moda de hoy, con corbatita estrecha roja, que contrasta con su amplio y gallardo pecho. Se ha hecho un traje y no se lo ha quitado en tres días, de eso hablaremos luego.

Padre era muy madridista y el hijo muy deportivista. Para recompensar las buenas notas de sexto de EGB decidió llevar a este chófer de anécdotas a visitar la sala de trofeos del Real Madrid, aunque los dos sabíamos quién disfrutaba más del premio.

Se toma prestada una reflexión que el periodista Antonio Sangiao, uno de los profesionales que mejor sabe qué hacer para que un negocio navegue con buen rumbo por las infinitas aguas de Internet, tendió en una red social...

Contaba el maestro Luis Carandell en una de las muchas hilarantes anécdotas de la política recopiladas que "a un periodista que ejerció su profesión en Madrid en el primer tercio del siglo pasado y que se llamaba Cánovas Cervantes, sus compañeros le conocían con el sobrenombre de 'Ni Ni'.

Je m’accuse, je suis pilarista, dicho sea con un acento zarrapatroso que no consiguió domar don Ángel Pueyo en “las aulas del poder”. Sí, confieso, me acuso, un punto compungido y, la verdad, acojonado de mi ignorada hasta ahora pertenencia a una conspiración entre cósmica, nacional y de barrio para dominar esto que aún llamamos España, efecto de ver el Salvados de Jordi Évole sobre el colegio Nuestra Señora del Pilar.

La arrogancia del ser humano es incorregible. La "torpeza notable en comprender las cosas", primera acepción de la RAE para el término estupidez, se lleva por delante cada año a mucha peña que "controla".

El hombre que se sienta en la mesa de al lado pasa las páginas del periódico sin demasiado interés. Está bien vestido, pero su cara refleja los costurones de una vida puñetera. Unas señoras cuchichean porque le ha pedido al camarero una copa de aguardiente a unas horas en las que el cuerpo aconseja pedir un café para espantar la somnolencia. Él nada dice, aunque es consciente de que se encuentra en la diana del reproche. Tras el lingotazo, reclama otra vez la atención del camarero para que en esta ocasión le sirva una cerveza pero no hay ninguna señal que permita deducir que está pimplado. Suena su teléfono móvil y emprende una conversación en un tono tan bajo como el de las mujeres que tiene a unos metros. Pero repentinamente, algo de lo que le dicen parece no gustarle y eleva la voz: "No sé por qué se enfadó. Yo me lo encontré en el pasillo con un chuta en el brazo e intenté despertarlo porque estaba recogiendo las cosas para entrar en el talego". Después, cuelga y continúa a lo suyo, con la mirada en las páginas del periódico pero la mente en otra parte.

Un día alguien tendrá que dar explicaciones. Alguien tendrá que pagar por hacerle esto a uno de los territorios más bellos, lleno de buenas e interesantes personas de buena fe a las que han dejado al pie de los caballos.

Hoy he vuelto a ver al rey lúcido y solvente", confesó Pablo Iglesias después de reunirse con Felipe rey para intentar aclarar el enredo de la gobernabilidad del país antes de despeñarnos en otras elecciones generales.